A las Gotas de LLuvia

¡Oh, cristales diminutos!, 
que fecundáis a la tierra 
y le hacéis parir sus frutos
empapando sus entrañas.

¡Oh, artistas inigualables!.
Pintores del aire limpio, 
que lo mismo sois amables 
que de rudo corazón.

Vosotras, perlas de nácar, 
que aliviáis la amarga sed, 
mezcláis aromas de albahaca, 
tomillo, rosa, jazmín…

Lágrimas que, del cielo, 
las piedras hacéis llorar, 
descendiendo en frágil vuelo 
para perderse después; 
¡ay, cómo me gustaría 
ser una más de vosotras, 
sin penas, sin alegrías, 
confundido entre cien mil!.

Y sin ninguna inquietud, 
vivir tan sólo un segundo, 
y pasar por este mundo 
apagando algún dolor.

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