Un Sueño

Esta noche he soñado
que iba solo en un camino.
A descansar en un banco
me senté, desfallecido.

Con la mirada perdida
en la oscuridad del llanto
escuché gemir al viento
con un quejido apagado.

Y como dama dormida
caminando bajo encanto
una figura sin vida
vino a sentarse a mi lado.

“¿Quién eres tú?”, pregunté,
apenado más que asustado,
pues una profunda tristeza
rodeaba al ser extraño.

“Si no sabes aún quién soy
tente por afortunado”,
respondió la voz del mundo.

“¿Y tú?, ¿quién eres tú?”
me preguntó un eco helado.
“No sé cómo definirme…”
-dije, extrañamente confiado-

“Soy una fuente de ilusiones
secadas por el desencanto.
Soy un fuego de emociones
apagadas por el llanto.

Soy una flor de terciopelo
marchitada por mil rayos.
Soy un espejo de esperanzas
destrozado en mil pedazos.

Soy un grito de socorro
ahogado entre falsos cantos.
Soy un corazón que lucha
desde el primer desengaño,
que sigue vivo aunque sabe
que está desde entonces sangrando,
que intenta alcanzar mil rosas,
que las coge por el tallo,
que se clava sus espinas
y que vuelve a estar sangrando,
pero que a pesar de todo
otra flor sigue buscando”.

“Entonces, -rió la noche-
no te preocupes mi amado.
Cuando te colme el cansancio
yo regresaré a tu lado,
pero aún te quedan fuerzas
para vencer al pasado”.

Y la sombra envolvió al camino,
y el viento gimió a mi lado.
Noté un nudo en mi garganta
y mis ojos se nublaron,
y lloré amargamente
como nunca había llorado.

Y seguí solo mi camino,
siempre solo, siempre andando.
Me dicen que grité en sueños:
“¡Por favor, no te vayas de mi lado!”.

Pero amanecí en mi cama,
me desperté sollozando,
enrojecidos los ojos
y el corazón… sangrando.

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