Pescaito

Sobre Gabriel Cruz (Pescaíto) 13/03/2018

Vaya por delante una confesión: el asesinato de Gabriel Cruz me ha horrorizado tanto que cada vez que veo imágenes de sus padres o de él no puedo evitarlo y lloro, sí, lloro desconsoladamente de dolor. Y la entereza y bonhomía de su madre, encerrando a la bruja asesina fuera del foco de atención y pidiendo al público contención y buenos sentimientos, me pone la piel de gallina.
Por eso entiendo las reacciones generalizadas en apoyo a Pescaíto el día que se supo que había sido asesinado: fotos, peces, mensajes de condolencia, mensajes de apoyo a la familia, la canción de Rozalén… Yo también hice caso a su madre y compartí el tema “Girasoles”, como despedida a su hijo.
 
Pero todo lo demás, todo lo demás creo que ha sido excesivo en torno a este caso. La ira del público, buscando un linchamiento como única forma de hacer justicia. La proliferación de poemas, canciones, cartas… como si se estuviese celebrando un “Concurso nacional de Muestras de duelo por Gabriel” y todos quisieran ser el ganador. La instrumentalización del dolor por parte de políticos y otros especímenes de dudosa catadura. La propagación de bulos en torno al caso, a cada cual más descabellado, seguidos y creídos ciegamente por la multitud. ¡Tanta exageración ajena en contraste con la contención de los suyos! No soy quién para juzgar si todo ese exceso es en todo o en parte sincero o de apariencia, pero sí que me pregunto… tanto, ¿para qué?
 
Dentro de 363 días, el 11 de marzo de 2019, muchos seguiremos recordando espontáneamente el decimoquinto aniversario del 11-M. Pero probablemente, justamente dentro de un año, el 13 de marzo de 2019, nos acordaremos de Gabriel sólo porque los telediarios nos recordarán la efemérides. Como ha venido sucediendo con Rocío, Mari Luz, Diana, los hijos de José Bretón (sinceramente, ¿cuántos recordábais que se llamaban Ruth y José?)
 
Reaccionamos con fiereza en función de la exposición mediática: Desgraciadamente, en España mueren más criaturas, o sufren abusos o violaciones, a manos de adultos, pero son ignoradas porque no llegaron a convertirse en noticia. Y, una vez más, en función de su cercanía: vende más un muerto en la puerta de casa que diez mil a miles de kilómetros. En Siria hay un dictador que iba a ser derrocado por la primavera árabe, pero tuvo la “fortuna” de que la rebelión en su país fuese casi monopolizada por los Hermanos Musulmanes, los terroristas yihadistas que tanto terror estaban sembrando en África y, lo que es más importante, en Occidente. El gran estratega Putin vio la oportunidad y apoyó a El Assad, en una guerra civil cruenta en la que todo vale para ganar y en la que los únicos que realmente están perdiendo, están siendo masacrados, son los civiles inocentes desarmados. Ante la pasividad del resto de potencias, ante nuestra pasividad, hay más de medio millón de civiles asesinados. Más de ciento cincuenta mil niños, ¡ciento cincuenta mil!… ciento cincuenta mil pescaítos sirios que no nos importan un carajo . Y en el centro del continente africano las hordas salvajes de Boko Haram violan y asesinan a niños inocentes, miles, pescaítos negros invisibles a los medios de comunicación occidentales. Y…
 
Por eso, cada vez que lloro a moco tendido pensando en la injusticia de la muerte del pequeño Gabriel, en la perversidad inhumana de su asesina y en la admirable entereza de su madre, sigo llorando también porque cada vez nos estamos deshumanizando más, porque ahora mismo el ser humano es el ser menos humano de la Naturaleza.

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