Esta historia no solo forma parte de la historia de mi padre y de mi madre, también de la mia propia y la de mis 3 hermanos. Yo estuve viviendo en ese inframundo desde que nací hasta que tuve 16 años. Mirando para atrás veo las penurias que pasabamos en aquel sitio inmundo, 6 personas viviendo en un "agujero" de 20 metros cuadrados con unas condiciones infrahumanas, luego en la calle como bien dice aquí mi padre, barro, basura represión y gente muy pobre pero también muy digna.
Por eso en mi barrio desde siempre existe el lema de "Vallekas Nuestro". Este relato es todo corazón mezclado con rabia. Hoy día todavía existen personas que viven tan precariamente como lo hicimos nosotros, además no muy lejos de donde vivimos ahora, por ejemplo, en La Cañada Real.
Segunda parte de “La guerra de la posguerra”
Huyendo de la miseria a Madrid nos trasladamos,
y fue una cosa muy seria lo que aquí nos encontramos,
llegamos de ningún sitio y en la nada nos quedamos,
y persiguiendo quimeras esta aventura empezamos.
Por entonces Palomeras era un páramo en barbecho,
un terreno abandonado que a nadie daba provecho,
nada más que alguna cabra que rumiaba los helechos,
con el pueblo de Vallecas solitario y al acecho,
con la torre de su iglesia tras el horizonte estrecho.
Era uno de esos lugares que el silencio se mantiene,
y que rompía solamente el traqueteo de los trenes,
que por el día no se aprecia y de noche no convienen,
que no dejaban dormir los ruidos de los andenes,
porque el pueblo de Vallecas un apeadero contiene.
El horizonte brillaba con la luz de la ciudad,
y desde aquí las estrellas se veían con claridad,
porque nada perturbaba ver el cielo de verdad.
Las hermanas Pingarronas nos vendieron los derechos,
de un minúsculo terreno donde construirnos un techo,
eran pequeñas parcelas, diez por diez metros de trecho,
donde se hacían cuatro piezas y atrás un corral estrecho,
pero a ese lugar perdido le sacamos buen provecho.
El levantar la chavola no nos resulto sencillo,
unos pisaban el barro y otros ponían los ladrillos,
Hasta que en el horizonte el sol mostraba su brillo,
y entrábamos a vivir con barro hasta los tobillos
Con un colchón, unas mantas, la mesa y el infiernillo,
y una mujer extasiada amamantando a un chiquillo.
En la puerta unos vecinos fumándose un cigarrillo,
procuraban que no vieran todo aquel batiburrillo.
Los vecinos se ofrecieron sin que nadie lo pidiera,
todos pusieron su esfuerzo para que la obra cundiera,
por que si vienen los guardias la dejan cual escombrera,
y no sirven rogativas, no hay ley con la clase obrera,
solo buscan veinte duros para mantenerse fuera.
Eran sucios chupa sangre que las desgracias se aferran,
y siempre encontraban alguien a quienes sacar las perras,
sus presas nunca se escapan cuando sus garras se cierran,
eran malos enemigos si en un asunto se emperran.
Dormíamos bajo techo pero estábamos aislados,
que mientras no trabajaban no estaban empadronados
y sin domicilio fijo no extendían certificados,
y el nombre de nuestras calles no tenían el visado,
sin tener unos papeles que demuestren nuestro estado.
Sin la cartilla del medico estábamos desahuciados,
pues la casa de socorro estaba a un buen trecho andado.
Sin tener ningún transporte estábamos desarmados,
teniendo que pisar barro hasta un lugar empedrado,
que era el Alto del Arenal con bajada hacia ambos lados.
Una iba a Vallecas villa y otra hacia el Madrid soñado.
No había calles ni autobuses, ni comercios ni mercados,
ni fuentes donde beber ni farolas de alumbrado,
de noche era un barrio muerto con algún perro ladrando,
soñando con un futuro que siempre nos han vedado.
El frío lo combatíamos junto a la mesa camilla,
con el brasero debajo metiendo nuestras rodillas.
Ellas protegían sus piernas para no tener cabrillas,
mientras tanto las parejas te buscaban las cosquillas,
pero andando con cuidado, no rechinasen las sillas.
Sobre las cuatro paredes y rollizos van las tejas,
con el suelo sin baldosas y de ello nadie se queja,
que tenemos un refugio donde planchar nuestra oreja,
sobre un colchón en el suelo nuestro cansancio se aleja.
Poco a poco iban logrando con las cuentas de la vieja,
quitando un poquito a todo y ahorrar unas pesetejas,
que en vivir como personas nuestros esfuerzos no cejan,
éramos como la hormiga que sale en la moraleja,
cuidando que no faltase un buen plato de lentejas.
La sobremesa era corta sin claridad eficiente,
que no había luz en las casas aunque sobrasen clientes,
y teníamos que adoptar métodos muy deficientes.
las velas, los candiles o los carburos mal olientes.
Eran los que daban luz en las casas de la gente,
mientras la electricidad pasa en columnas potentes,
en cables de alta tensión que silban cuando hay poniente,
era como estar hambrientos teniendo comida enfrente,
y durantes las tormentas nos ponían en un brete.
Abonábamos los campos cuando había necesidades,
que un apretón no se aguanta y tiene prioridades,
porque eso no lo detienen ni curias ni autoridades,
que nadie sabe las normas de olores o cantidades,
y no podrán sujetarlo ni emperadores ni abades.
Todos lo tienen que hacer sin mirar rangos ni edades.
A las seis de la mañana todo el mundo esta de marcha,
y el desayuno consiste en pan frito y unas gachas,
para lanzarse a la calle, sea verano o haya escarcha,
que los pocos que currelan es porque estaban en racha
Los demás siempre en la brecha, vigilantes y al acecho,
recogiendo aquellas cosas que nos podían dar provecho,
por mantener sus familias debían de partirse el pecho,
o buscando en vertederos materiales de desecho,
y venderlo por chatarra, que a comer tenían derecho.
La guardia municipal hacía extorsión pura y dura,
y nos daban dos opciones: pagar o a la jefatura.
Allí nos tenían tres días y salíamos con moraduras.
Que tiempos señor, que tiempos de opresión y dictadura,
¿Cómo aguantaban los cuerpos si ahabía tanto caradura?
Eran como sanguijuelas chupando en las mataduras.
Cuando buscabas trabajo te miraban con recelo,
lo mismo que a un delincuente por ir a pedir currelo,
pero el día que se encontraba, se sentía un gran consuelo,
y la familia se alegra, porque levantan el vuelo,
que se están acostumbrando a vivir siempre de duelo.
La radio daba el serial de un arrabal junto al cielo,
que era copia de nosotros con diferentes modelos,
pero escucharlo en la radio lo veían como un consuelo,
y era la misma persona pero con distintos pelos.
Nuestra chavola acogía al clan familiar en pleno,
que apiñándose cabían, la abuela la hija y el yerno.
La familia era sagrada, y sus vínculos eternos,
y todos colaboraban con el bienestar interno.
Antes de hacer los tabiques, los suelos o el cielo raso,
dormíamos todos juntos por la salvedad del caso.
Teníamos que ir con cuidado cuando el sexo pedía paso,
había que marcharse fuera para darse un buen repaso,
que dentro de la chabola seria ruidoso y escaso,
que intimar cuando hay testigos es tener un duro falso.
Y mientras todos dormían salían al campo sereno,
para gozar a sus anchas sin cortapisas ni frenos,
y descargaban sus ansias retozando sobre el heno.
Con el morbo de lo oculto aquel disfrute era pleno,
y quedaban tan contentos que les parecía de estreno,
que hace falta intimidad en los casos más extremos.
Por eso no es nada extraño que si salían al servicio,
les pillaran en su apaño, que es necesidad no es vicio,
y se iban hacia otro lado sin sacar los pies del quicio.
Que a las flaquezas humanas hay que darles un resquicio,
y no perturbar a nadie cuando practica el fornicio.
Había que proteger los momentos mas privados,
y poner el culo al aire no era lo más adecuado,
pero no había mas remedio que nadie tenía excusados,
después se tapaba el pino que había que ser aseados.
Por eso excavamos pozos para el agua o excrementos,
si brota el agua ¡que suerte!, pero si no tan contentos.
Con agua, se hacia un brocal con ladillos y cemento,
y si no se preparaban tigre y ducha en un momento.
Ha fuerza de intentarlo brota el líquido elemento,
y el cubo con la garrucha eran nuestros complementos,
que el agua en aquella estepa nos saciaba por completo,
al menos para la higiene aquel agua era un acierto.
Para beber y guisar no hay que hacer experimentos
que la salud es sagrada para andarse con inventos.
Para el agua potable los cántaros iban perfectos,
que el agua estaba lejana y solía haber desperfectos.
Cuando caían cuatro gotas con la arcilla pegajosa,
nos costaba caminar por las tierras tan fangosas,
los pies quedaban clavados y la marcha era penosa,
pero las botas de segarra aguantaban cualquier cosa.
Al llegar a la Albufera los charcos eran preciosos,
para limpiar nuestras botas de un pringue tan asqueroso,
y el calzado queda limpio o al menos más decoroso.
En las noches de verano cuando atacaba el calor,
nos salíamos a la calle buscando algo de frescor,
charlábamos los vecinos hasta que entraba el sopor,
y te metías en tu queli perlado por el sudor.
A ver si llega la lluvia y nos libra de de este hedor,
aunque el agua traerá el barro y no se que es peor.
Cada cual con sus problemas se acostaba cada noche,
y piensan que a la fortuna no hay que lanzarle reproches,
que la suerte va por barrios y no se anda con derroches.
Tal vez un día la fortuna con su abrazo nos abroche.
El Metro era nuestra meta seis días a la semana,
hasta el Puente de Vallecas que andar es cosa muy sana.
A fuerza de mucho empuje se montaba cada mañana,
por la tarde es cuesta arriba y se venía con menos ganas.
Había un gran terreno adjunto que usaban de basurero,
lo limpiamos y aplanamos entre algunos futboleros,
y el campo de la paloma nació de aquel vertedero.
Se izo un campo de futbol y un equipo verdadero,
empezando con partidos de casados y solteros,
hasta formar un equipo que en el barrio fue puntero.
Seguían llegando familias para comprar su parcela,
pero ya eran muy escasos y los precios van que vuelan,
porque las compraron todas los que manejan las pelas,
quedándose las mejores y vendiendo la purrela,
y aumentan tanto los precios que a pocos llega la tela.
Debiendo comprarlo a medias y hacer partes paralelas,
que partiéndola en dos partes se arreglan dos parentelas,
y con su falta de espacio las victimas se consuelan.
Cada día es mas difícil porque escasean lo recursos,
que el precio lo han triplicado los que venden con abusos,
por eso quien va a comprar se encuentra un poco confuso,
tienen que pagar el triple de los precios que hay en uso.
Se están haciendo los dueños esos malditos intrusos,
que amparados por las leyes abusaban del iluso
Ahora han puesto a los civiles a vigilar los contornos,
porque ellos no son serviles ni tragan con los sobornos,
ellos cumplen su tarea y no están aquí de adorno,
si les vas con la verdad te evitaras un bochorno,
y si saludas, saludan con el pico del tricornio.
Por eso la construcción se nota que ha descendido,
hay que obrar con precaución porque si no estás jodido
solo empezarán las obras si estan todos decididos.
Se abren algunos comercios, tahonas y ultramarinos
y también un par de tascas con su mostrador de pino,
donde se juntan los hombres para hablar y beber vino,
mientras que un afilador lanza sus trinos cansinos.
Trajineros de la mancha traen, queso y miel de la Alcarria,
y también botijos finos que conservan su agua fresca,
que cuando aprieta el calor hay que mantenerlos cerca,
mantendrás la hidratación sin tener la boca seca,
que los mejores botijos son los que hacen en Sonseca.
También de Campo Real traen aceitunas curadas,
y berenjenas de almagro de un sarmiento atravesadas,
o pimentón de la dalia para alegrar las viandas.
Muy cerca están proyectando construir Moratalaz,
contrataran mano de obra deprisa y en cantidad,
y los barrios más cercanos teníamos prioridad,
Con La Elipa, Palomeras y Vallecas en paridad
Descendió el paro en el barrio y aumento su calidad,
muchos apenas creímos que esto fuese realidad,
Hasta que un día nos pusieron por fin la electricidad,
y el barrio fue una verbena de luz y fraternidad,
porque pusieron farolas que alumbraban de verdad,
que artilugios del medievo no quería la vecindad
Aceras se van haciendo y se enfoscan las fachadas,
para no pisar las calles cuando se hallan encharcadas.
Por eso se abrieron zanjas que alivien de las riadas,
y dentro van tabicando que la intimidad es sagrada.
Se pone el cielo raso y la casa es enyesada,
se ponían las baldosas que a plazos eran pagadas,
y aquella humilde chavola en hogar fue transformada.
Mandan camiones cisternas con las aguas blanquecinas,
que no podíamos beber ni se usaba en la cocina,
porque te ibas de bareta con un agua tan cochina,
solamente se usaba para la higiene en la tina.
Andábamos escasos de agua pura y cristalina,
como se encontraba lejos nuestra fuente más cercana,
en llenar un par de cántaros se te iba media mañana,
quienes no trabajaban en traer agua se afanan,
mientras vas y vienes a la fuente tus sesos no se devanan.
Un carretillo apropiado, cantaros y a la fontana,
y en dos viajes se conseguía agua para una semana.
Había quien se la encargaba a aguadores ambulantes,
trayendo agua a los vecinos en cantaros chorreantes,
en alforjas que colocan sobre burros trashumantes,
exponiéndose a ser vistos por policías inquietantes
que si les pillan confiscan sus enseres al instante.
Los comités vecinales les pedimos un encuentro,
para pedir concesiones a cambio de los impuestos.
Por las reivindicaciones seguimos en nuestro puesto,
reclamando alcantarillas, agua, calles y respeto.
No les pedimos limosnas solamente lo que es nuestro.
El sueldo que nos pagaban al final de cada sábado,
eran doscientas cincuenta nuestro sueldo estipulado,
el jornal, más incentivo, era el salario cobrado,
para atender a tu familia después de llegar baldados,
porque te hacían trabajar lo mismo que a los forzados,
y los domingos en casa no podías estar parado,
porque había cosas que hacer para mejorar su estado.
Nuestros hijos sin escuela campaban a su albedrío,
y decidimos juntarles para que no anden perdidos,
en la escuela aprenderán y estarán bien atendidos,
e hicimos la escuela, o algo al menos parecido.
Construimos unas naves y nos mandaron maestros,
y un camión con pupitres “desechados de otros centros”,
con material escolar con bastantes desperfectos,
catones, enciclopedias y crucifijos han puesto,
pero dejamos muy claro que Palomeras es nuestro
Lo creamos de la nada y crece muy bien compuesto,
y a los que vengan de fuera les exigimos respeto.
No vivimos cara al sol, nuestra camisa no es nueva,
que están viejas del sudor de las gentes que las llevan.
El yugo es para las bestias y aquí las flechas se quiebran,
cada cual piensa a su modo y sus ideas les preservan.
Los maestros comprendieron del barrio sus circunstancias,
y se unieron a nosotros,”Profesores muchas gracias”,
porque fuisteis los autores de encauzar a nuestra infancia,
que sembrasteis la cultura y segasteis la ignorancia,
y a los niños enseñaron con mucho tacto y constancia,
distintas de aquellas normas tan arcaicas y tan rancias.
Aparecían edificios de varias plantas de altura,
con decisiones que atañen a nuestra vida futura,
nos van a dejar aislados y eso es ir contra natura.
Nos sitiaron de colonias, vino a vivir mucha gente,
y sin grandes ceremonias todo se hacia muy urgente.
Nos quería dejar aislados el gobierno incompetente,
y pido a quien corresponda que subsane este incidente,
porque a los hermanos Santos con chabolas indecentes,
les indultaron sus tierras de forma muy sorprendente.
La calle de Palomeras un buen día la pavimentan,
y esa fue de las primeras porque los pisos aumentan.
Queremos que nos escuchen pero nadie nos contesta.
Un autobús aparece, la línea diez por más señas,
era un mundo diferente que a convivir nos enseña.
Fue un hecho tan importante que merece esta reseña,
aunque nosotros luchamos por conservar nuestra enseña.
Para entrar al autobús tenías que andar a la greña,
todos quieren subir y en montar todos se empeñan,
hay que saber comportarse y no darle al mono leña,
los inspectores vigilan que no se cuele la peña.
Hicieron calles y aceras con grandes infraestructuras,
podían echarnos un cable sin aumentar sus facturas,
pero donde mandan tantos las cosas quedan a oscuras,
piensan solo en el presente sin ver las pegas futuras.
Seguimos si tener agua, calles ni alcantarillado,
y unas movidas se fraguan, ¡la moral nos la han tocado!
que la calma tiene un límite y el límite han rebasado.
No pedimos nada de otros, pedimos nuestros derechos,
que nos traten como a iguales, ¡no somos ningún desecho!
Que a nosotros como a ellos nos late también el pecho,
no aguantaremos que a nadie se le trate con despecho,
Y el barrio se mantendrá como una loba al acecho.
El barrio se va formando, poco apoco, lentamente,
y los vecinos unidos cerramos todos los frentes,
por conseguir lo que es nuestro nadie permanece inerte,
y nos llegan comentarios que la cosa era inminente
Llegaron excavadotas zanjeándonos el barrio,
para hacer alcantarillas y tener agua a diario,
sin soltar una peseta, que iba a cuenta del erario.
Ver las calles asfaltadas nos pareció extraordinario,
E hicieron varias escuelas que éramos deficitarios.
El metro llego al Portazgo por nuestra comodidad,
era absurdo estar en guerra sin tener necesidad.
Con esto que hacéis ahora mostráis cierta honestidad,
se pudo hacer mucho antes pero falto humanidad,
no lo consiguió uno solo, lo consiguió la unidad.
Los autobuses ya vienen y circulan por el barrio,
las chabolas ya son casas y no pisamos el barro,
y ahora algún politicucho se quiere enganchar al carro,
para salir en la foto después de chupar del tarro.
Por fin se acabo el franquismo y llego la democracia,
y cambiamos libertades por la dictadura rancia,
que es lo que siempre soñé desde mi más tierna infancia.
Porque sí el pueblo oprimido desterró la intolerancia,
confiamos que el futuro no nos traiga mas desgracias,
que logramos libertad con fe trabajo y constancia.
Palomeras es de todos del que este aquí y del que venga,
porque entre todos lo hicimos con sudor sangre y entrega.
Que derriban nuestras casas nos proponen del gobierno,
y este proyecto se basa en expropiar los terrenos,
para hacer bloques en masa y parques que no tenemos.
Que nos dejen en el barrio es condición que ponemos,
si quieren mandarnos fuera en masa nos oponemos,
que cambiamos en jardín un sitio reseco y yermo.
Muy cerca de nuestras casas, tiene el barrio sus orígenes,
con muchas plantas de altura para conseguir sus fines,
y mucho terreno libre para parques y jardines,
pero no hay acuerdo pleno, no todos somos afines.
Cambiamos comunidad por la vida independiente,
y cada cual tras su puerta nos mostramos diferentes.
ya las puertas son fronteras, somos más indiferentes
El colegueo entre vecinos, se esfumo, se fue al garete,
ya no hay puertas a la calle, solo la puerta de enfrente,
y falta ese hermanamiento que entre vecinos se siente.
La "retro" tiró las casas pero nuestro barrio es este,
con autobuses y metro y con un parque adyacente.
Solamente echo de menos la cercanía de la gente,
aquí no hay puertas abiertas ni confianza aparente.
Las sonrisas son forzadas que muchas veces no sientes,
ahora vivimos más anchos pero añoro aquel ambiente.
Cerca de donde vivíamos nos construyeron el barrio,
el mejor barrio de Europa” según cuentan los diarios”,
siendo Madrid por derecho, ya no somos extrarradio.
Si miro por la terraza veo un personal variopinto,
provenientes de otras razas, son vecinos muy distintos.
Personas como nosotros, unos blancos y otros tintos.
Parejas chino españolas con lindos retoños mixtos.
Este pulso se ha ganado y de ello somos conscientes,
entre todos se a logrado y ya no hay barro ¡Que suerte!
Lo que no lograras nunca es aquello que no empiezas
Francisco Guío agosto del 2012