Crónica festiva de máscaras y libertad
El carnaval es racial,
lo avalaron mil culturas,
pero hay cuatro en especial
que presentan más altura.
Samba al Carnaval de Río,
es sensualidad, hermosura,
sambódromo, fuerza y brío,
desmadre, ritmo y locura.
Tenerife, isla fantástica,
perla y crisol del Atlántico,
tu gala del traje es mítica
y tu carnaval es mágico.
En Venecia es enigmático,
renacentista y galante,
es un carnaval romántico,
es luna en cuarto menguante.
Cádiz: gracia e ironía
y chirigotas chispeantes,
que mezclan con armonía
lo serio con lo picante.
Ya llegan los carnavales,
todos cambian su apariencia;
hoy todos somos iguales:
el hereje y su eminencia.
Hoy subsiste buena marcha
entre rústicos y pijos,
porque juntos se emborrachan
bebiendo vino en botijo.
En tus fiestas se codean
inocentes con culpables,
y todos se regodean:
pudientes con miserables.
Arlequín, Polichinela
y su amada Colombina
entonan su cantinela
cuando entierran la sardina.
Los carnavales terminan
con sus burlas y su engaño;
volvamos a la rutina,
ya vendrá el próximo año.
Estas fiestas tan sabrosas
son días de vino y rosas.
Francisco Guío — Febrero de 2011