El quinto jinete

Manifestación del 15  en Madrid

Salí tranquilo del cine y me fui a dar una vuelta,
y bajé a ver el ambiente que había en la calle Huertas,
y caminar hasta Atocha para marcharme a Vallecas
(que es lo que suelo hacer siempre que vengo a la Filmoteca).
Pero al final de la calle fui encerrado por un grupo:
solo eran manifestantes a los que apoyo y disculpo,
pero a los antidisturbios por violencia los inculpo;
yo estaba allí de rebote y me dieron la del pulpo.


Dos chavales me sacaron y me evitaron más golpes;
decían que era uno de ellos: ¡no se puede ser más torpes!
No soy más que un jubileta y no el héroe Superlópez.
Como ya tengo mis años y no aguanto estos trotes,
yo protesto a mi manera y escribo contra estos zotes,
que yo pasé la posguerra y espero que eso se note:
me enfrenté con los grises y logré salir a flote;
aquellos eran temibles y estos solo monigotes.


Luego estaban los represores que castigaban con saña,
los verdugos que oprimieron durante décadas España;
lástima de quien cayese en las redes de esa araña.
Y hoy veo políticos cobardes que reptan como gusanos
frente a poderes de fuera, despiadados e inhumanos.
Se notan las herencias de aquel pasado lejano:
parece otra posguerra donde clamar es en vano,
rescatando al poderoso con la sangre del pagano.


¿No piensan que sin nosotros su suerte sería al contrario,
o embargados por los bancos que defienden a diario?
Asociados con banqueros ladrones como corsarios:
dejad de cubrir sus faltas, no les sirváis de gregarios.
Que el pueblo pide lo justo, que no vengan con inventos:
que el gobierno no se esconda: ¡queremos ver sus argumentos!
Que el pueblo quiere saber en qué se van sus impuestos;
que nos dejen respirar y estaremos más contentos.


Mientras el país se hunde los usureros se forran,
y si escuchan que protestas te contestan con la porra.
Y el gobierno les anima: «¡Cojan el dinero y corran!».
Salvajismo y desvergüenza son las leyes que prosperan;
están acorralando al pueblo y al ciudadano desesperan,
y el aguante de la gente ya sus límites supera.
Parece que regresaran el hambre y la miseria,
y al no ver una salida estallarán las arterias.


Familias enteras a la puerta de comedores sociales
por un plato de comida que alivie un poco sus males.
La Constitución nos dice que todos somos iguales,
pero yo allí no veo banqueros ni buitres estatales.
Abundan matrimonios con sus hijos de la mano,
porque embargaron sus casas los banqueros inhumanos,
que aquí además de sustento buscan el calor humano.


Grandes manifestaciones en sus pancartas descubren
los desfalcos y los robos y el fraude que ellos encubren.
Engañando a la nación se encaramaron a la cumbre
y mandan a sus sabuesos a intimidar la muchedumbre.
¿Es que no entra en la mollera que golpean a quien les paga?
Vosotros también sois pueblo: ¡dadles un corte de mangas!
Que se escudan tras de todos de los males que propagan.


Os han bajado el salario y de extras nada de nada,
mientras siguen recortando a la nación estafada,
usándoos de parapeto contra la masa indignada:
¡menos porras y más sueldos es lo que España demanda!
Miseria por todas partes, ancianos buscando en basuras
para poder malcomer por culpa de las usuras:
¿qué es lo que se va a encontrar la generación futura?


La asistencia sanitaria recortada para unos pocos,
y a las personas sin papeles les niegan hasta el socorro;
y a los médicos que objetan los amenazan con dolo,
que el juramento sagrado no lo ignorarían ni locos.
Sin una atención primaria renacerán malos focos,
y si seguimos de espaldas acabaremos en zocos.


Aulas con niños hacinados como piojos en costura,
amontonando chavales para ahorrar en cultura:
donde cabían quince meten treinta criaturas,
y se relamen de gusto con semejantes apreturas:
ahorran en calefacción y pagan menos facturas,
diciendo que el calor del aula es la lumbre más segura.


A los centros concertados los recortes nunca llegan:
son negocios de allegados y entre socios se arreglan.
Despiden a los maestros en la enseñanza pública
y la carga entre los que quedan de mala forma la ubican,
haciéndoles doblar turno sin tener derecho a réplica,
porque cuanto más reclaman más sanciones les aplican.


¡Murieron los comedores: pongámosles una esquela!
Ahora llevan la tartera y en las aulas no les cuela:
te hacen pagar igual y te causan mil desvelos,
porque impiden calentar la fiambrera de la abuela,
siendo un derecho de todos que a la gente desconsuela.


La política es culpable de todo este desconcierto:
«La crisis ya se acaba», pregonan estos sujetos.
Pero ya nadie confía en un discurso tan hueco,
porque mintieron al pueblo con promesas y con cuentos.
Como decía Don Quijote: «¡Luchad contra los entuertos!».
Si estos mandatarios están ciegos habrá que buscar al tuerto,
pues por mal que lo intentase mejoraría el concierto.


Se arrodillan ante Europa y ante la canciller de turno,
haciendo lo que les mandan sin levantar la mirada.
Yo me declaro insumiso y pido dignidad al resto:
lo que no lograron con armas lo imponen con presupuestos.
Son dóciles con los de fuera y con los suyos adustos;
en Europa agachan la testa y aquí presumen de justos.


Millones de parados sin salida ni sustento,
mientras siguen como espuma aumentando los impuestos.
La subida del IVA fue un golpe sin miramiento;
el poder adquisitivo mermó más del treinta por ciento,
congelando las pensiones y jornales sin tiento,
mientras la banca arruina lo que con sudor fue nuestro.


Los comedores de auxilio padecen desabastecimiento,
mientras grandes almacenes desoyen el reglamento
de entregar la comida antes de su vencimiento,
tirándola al basurero sin ningún remordimiento.
Y mientras tanto se gastan fortunas en propaganda,
en vez de volcar caudales donde la urgencia demanda.


Las entidades bancarias debieran haber sido parcas
y no jugarse los fondos en operaciones opacas,
tapando negocios turbios con indemnizaciones gratas:
a los gestores culpables les dan finiquitos de plata,
y al currante de a pie no le dejan ni calderilla.
Llegaron con vanas promesas y dejaron cajas vacías,
y al final el ciudadano paga la bancarrota.
De este gran descalabro solo engordan los de arriba.


Piden rescates millonarios para tapar sus agujeros,
y el préstamo lo saldamos los de siempre por entero.
Volveremos a los años de alpargatas y de esparto,
haciendo malabares para juntar cuatro cuartos.
No me apetece revivir aquellos tiempos infaustos,
mientras ellos legislan cómodos en sus despachos.


Daban créditos e hipotecas como quien da caramelos,
y ha quedado demostrado que fueron vanos anzuelos:
la banca siempre gana cuando promueve el revuelo.
Te tasaron el piso al doble de lo que cuesta;
llevas años pagando y las cuentas no descansan;
te despiden del empleo, la desgracia se abalanza,
te retrasas en dos cuotas... ¡y el banco la soga avanza!


Has pagado medio piso y el banco hace tabla rasa:
te echa a dormir al raso y las deudas no se apagan;
se quedan con tu vivienda, tus ahorros y tu calma.
Y cuando llega la noche entre cartones descansas;
pasas un día por tu calle y encuentras gente en tu casa,
y las fuerzas se te quiebran y las lágrimas te abrasan.


Así nacen los sin techo por la codicia insaciable
de los que van de señores con su palabrería afable.
Yo, que pasé la posguerra tragándome la rabia,
si hoy nos repiten la historia y nos quedamos en babia,
mereceríamos desdoro: ¡hoy late una nueva savia!
No dejemos que nos vendan su falsa diplomacia;
lucharemos con orgullo contra tanta arbitrariedad.


Los cuatro jinetes bíblicos: guerra, hambre, peste y muerte;
y si yo añado uno más, es porque este es el más fuerte:
es quien desata a los otros y a sus caprichos convierte.
Son los que siembran la quiebra y la ruina del inocente:
¡presento al quinto jinete: la política inconsciente!
Pues los jinetes de antaño son marionetas a su frente.


La juventud estafada a la que han roto la calma
no perderá la entereza ni el orgullo de su alma.
Los muchachos del 15-M nos enseñaron las claves
para plantar resistencia en los momentos más graves:
¡el pueblo, cuando está unido, es quien tiene la llave!


Me estimula ver los lemas en pancartas y carteles,
lemas nacidos del pueblo con desparpajo y coraje:
«¡No tenemos pan para tanto chorizo!»,
«¡Menos leyes de favor y más justicia!»,
«¡Más salarios y menos porras!»,
«¡Quien no cumple lo que jura traiciona al contribuyente!».


No se ganan las batallas sin dar la cara en la arena,
que jamás ningún cobarde dejó huella que valiera.
Gobernantes de mentira: ¡ya os hemos visto el plumero!

Francisco Guío — Marzo de 2013

Relacionado

firma de francisco guio