Manifiesto en verso por la libertad, la diversidad y la convivencia
Empiezo discriminando a los discriminadores
que usan el ordeno y mando ejerciendo de opresores.
Todo aquel que no comulga con sus ideas trasnochadas
son traidores que proclaman el fin de sus patochadas.
Llaman perversión a que se amen dos personas
porque sean del mismo sexo: eso nunca lo perdonan.
Los tratan con gran desprecio y con ofensas socarronas,
cuando muchos van de machos y en privado son caretas:
¡tú vive y deja vivir, y no pintes más la mona!
Son mucho mejor que tú en talante y convivencia,
pues viven con plenitud demostrando su indulgencia;
por eso no vengas tú a imponerles injerencias,
que el hombre de Neandertal respetaba diferencias.
Tu época ya terminó quedándose en el medievo:
hoy existe gente libre, no hay señores ni hay ya siervos,
y su elección personal a nadie le importa un huevo.
Si sois gais o sois lesbianas, demostrad vuestro empaque:
vivid como os dé la gana y a quien le pique... ¡que se rasque!
Si contemplas al foráneo con recelos y rencores,
dices con ceguera insulsa que nos traerá los dolores.
Llegaron con la esperanza de alcanzar su buen destino,
sin olvidar las raíces que guardan en el camino:
labrándose con tesón un porvenir positivo.
Quien inventó las fronteras cometió un yerro condenable:
todos hemos nacido en esta esfera entrañable,
y la tierra es el hogar de toda la vida estable.
Los demás seres avanzan sin aduanas separables:
¿acaso el ser humano no comparte el mismo viaje?
Si suprimen las fronteras nadie será indeseable.
Colón con su camarilla se coló en vuestras naciones,
con el pendón de Castilla dando caña y oraciones,
y os leyeron la cartilla un puñado de frailones,
que os dejaron calderilla llevándose los doblones.
Y ahora que venís vosotros a currar honradamente,
os tenderemos nosotros nuestras manos cordialmente:
¡vosotros no sois los otros, sois parte de nuestra gente!
Quienes miran con desprecio siguen viviendo en las cuevas:
salid de las catacumbas y aceptad ideas nuevas.
Si la mente no despierta volverá la esclavitud,
los guetos y las cadenas: ¿eso es lo que quieres tú?
Antes de existir monedas compartíamos salud,
y el sol alumbraba al mundo regalándonos su luz.
No hagáis caso a quien predica doctrinas tan negativas,
que solo añoran el mando con revanchas y consignas:
sois libres para pensar ante cualquier disyuntiva,
que este país os acoge con su esencia más festiva.
Sangre, corazón y mente: amarillos, negros, blancos;
carrocerías diferentes, ¡pero el motor es un calco!
Traéis hermosas costumbres que con las nuestras subsisten:
son muestras de tradiciones: la diversidad existe.
No hay que ser intransigentes
con raza, cuna o creencias,
que puede que entre los tuyos
encuentres lo que desprecias.
Desde que éramos Iberia,
muchos pueblos diferentes
han regado nuestra arteria:
¡somos un crisol de gentes!
Francisco Guío — 2009