Sátira contra el dogma y el poder
Todas las guerras se hicieron en defensa de la cruz,
y contra la media luna del islam, que es su inquietud.
Todos quieren una copa que utilizó un tal Jesús,
que si tiene dos mil años debe estar hecha una ful.
Es un patio de colegio jugando al «tú la llevas»:
nadie se da por vencido, no miran por su salud,
y al no encontrarse la copa depusieron su actitud.
La política y el clero son cortes del mismo paño:
se esconden de las miserias y se nutren del engaño.
La verdad no les importa, solo miran sus apaños,
embaucar a los demás y asegurarse los escaños,
mirándonos desde arriba como señores de antaño.
El Vaticano atesora la fortuna más inmensa:
piden que cese la hambruna sin vaciar su despensa.
Sus fieles acuden ciegos en busca de su dispensa,
mientras ocultan las culpas que causaron sus ofensas,
y sus jerarcas callaron saliendo en propia defensa.
Los políticos y el clero son como el perro y el gato:
sus rencillas son fingidas y a mí me dan mal olfato.
Que entre lobos las peleas suelen durar poco rato:
son cara a la galería y después no han roto un plato,
porque pase lo que pase nos toca pagar el pato.
Y cuando andan a la greña digo: «¡Lagarto, lagarto!»,
que estos solo van buscando adueñarse de tus cuartos.
Sois el aceite y el agua: mudad ya vuestra actitud,
que tenéis pies de arcilla y pisáis nuestra virtud.
Si faltara vuestro empeño habría menos inquietud:
menos discursos pomposos y obrar con más rectitud.
Muchos tiranos copiaron métodos inquisidores:
al que piensa diferente, prisiones o quemadores.
Fanatismos que han sembrado por doquier desoladores
miedos con que doblegar la voz de los pensadores.
Ese fervor extremista trajo al mundo paranoia,
y con tanto latinajo nos trataron sin decoro;
a base de vanas prédicas a los crédulos embrollan,
anidando telarañas en cerebros que controlan.
Predican la tolerancia con mítines de parroquia,
y no pagan los tributos de los bienes que se apropian.
Tenemos nuestras ideas y no estamos en la inopia:
que tratáis con gente viva, no con mudas fotocopias:
¡tenemos mentes conscientes que poseen razón propia!
Sean al fin responsables, política y religiones:
todos tiramos del carro y del peso que disponen,
que el destino de la tierra está en vuestras decisiones.
A la política acepto solo en ciertas ocasiones:
cuando la desgracia asola y castiga a las naciones,
o si un déspota pretende mandar a base de empellones.
El desastre en el oriente remueve mis emociones,
y de las guerras lejanas me reservo opiniones:
porque al final pagan siempre los que de nada disponen.
Los políticos mandan y deciden lo que hacemos,
y el clero nos anatematiza si en libertad creemos.
Si vivo y dejo vivir, haz tú lo mismo, estafermo,
que vivís de las fatigas de parados y de enfermos.
Estáis jugando con lumbre y arderéis, que os conocemos:
solo estáis en el sitial mientras nosotros queremos:
¡mandatarios delegados que quitamos o ponemos!
Por eso buscan la gracia cuando comicios tenemos,
prometiendo el paraíso con tal de que les votemos.
Política y religión son dos viejas posiciones
que juzgan a los demás y a que los juzguen se oponen:
¡haced examen sincero y no toquéis los cojones!
Francisco Guío — Septiembre de 2010